Mostrando las entradas con la etiqueta Palabras Mojadas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Palabras Mojadas. Mostrar todas las entradas

07 junio 2007


"Hay un misterio ignoto en este mar, cuyas palpitaciones suavemente terribles parecen indicar la presencia de algún alma escondida bajo el agua"
Moby Dick. Herman Melville

06 abril 2007

"Locura: Seguir haciendo lo mismo y esperar resultados distintos"
(Albert Einstein)

20 diciembre 2005

Mareas


-¿Me cuentas una historia sobre el mar?
-¿Sobre el porqué de su color? ¿Sobre como se refleja la luna llena en las aguas profundas del océano? ¿Sobre porque tantos y tantos escritores le han dedicado páginas enteras de sus libros? ¿Sobre que tiene de especial el mar? ¿Sobre la atracción de las gaviotas y delfines? ¿O quieres la historia de la Atlántida?
-Lo que quieras, necesito escuchar el susurro de sus aguas, y oler su salinidad y humedad, que aportan las mareas.
-Te voy a contar el porqué de las mareas, y su correspondiente historia, siéntate bien niña, y presta atención.
Seguramente, muchas de las veces que bajas a la playa, la ves cambiada, sea de noche o de día. Hay momentos en los que el agua llega hasta casi las palmeras, y otras, que parece que las piedras de protección, allá a lo lejos estén aquí cerca.Se trata de un
efecto producido por la atracción gravitatoria de la Luna y del Sol sobre el agua y la Tierra. Este ciclo se repite cada 12 y 24 horas. Y hasta aquí la teoría, no voy a explicarte la ley de la Gravedad, descrita por Newton, ni voy a marearte con las rotaciones de la luna. Pero lo que sí voy a hacer es explicarte la parte romántica de esta historia...

...Hace tiempo, mucho tiempo, el mar estaba enamorado de una isla.Sus olas la bañaban desde el amanecer. Le traían hermosos delfines, que jugaban delante de la orilla, en alegre sintonía, y miles de gaviotas, que surcaban el aire llenándolo de sonidos agudos y cantarines.Le acercaba la brisa marina, dulce y salada al mismo tiempo, y enviaba a los cangrejos a que le hicieran cosquillas en la suave arena de las playas.
Pasaba todo el día con ella, y cada vez, el mar se quedaba más y más prendado de la belleza y ternura de la isleta.
La isla, a cambio, le contaba las historias que se sucedían en su interior, de las aventuras de los ríos que cruzaban de parte a parte su territorio, y que, encantados con lo que contaba la isla acerca del mar, se acercaban a él, para conocer directamente el agua salada.
El mar bañaba día a día las costas de la isla, se iba acercando más y más a su interior, a su corazón, a sus sentimientos.Y, así, poco a poco el mar se iba tragando parte de la isla, sin que ninguno de los dos se diera cuenta.
Cada día, un centímetro más, y otro, el mar se acercaba a la isla, comiéndose la arena, las palmeras, las rocas. No se daba cuenta, sólo sabía que estaba más cerca de conocer el secreto de la isla, de su querida isla. Ya no era amor lo que sentía por la isla, sino atracción hacia lo desconocido, y obsesión por descubrir esas historias personalmente.
Un día, cuando la isla se dio cuenta de lo que pasaba, ya era demasiado tarde, el amor que el mar tenía por aquella isla, así como por conocer su verdadero interior, había sido el causante de que, dentro de un momento, la isla terminara siendo engullida por el mar.
Y sí, el mar terminó por hundir la isla, todo lo que habitaba en la superficie se fue, la arena, arrastrada durante años por el mar, había terminado en el fondo del mar, y la isla, por completo inundada, lloró su tristeza, confundiéndose con el lecho marino.
A partir de entonces, la luna, testigo de lo que había ocurrido entre el mar y la isla, decidió que nunca más otra isla terminaría bajo las saladas aguas del mar.Y de esta suerte, la leyenda cuenta que la luna ejerce su poder con el mar, para darle la oportunidad de conocer las islas, y la tierra de interior, pero sólo durante unas pocas horas al día, y otras pocas durante la noche.
para que no se olviden del mar...<><


20 octubre 2005

El Pequeño Pez



"Usted perdone", le dijo un pez a otro, "es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá Usted ayudarme,dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscando por todas partes, sin resultado".
"El Océano", respondió el viejo pez, "es donde estás ahora mismo". "¿Esto? Pero si esto no es más que agua... Lo que yo busco es el Océano", replicó el pequeño pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.

09 septiembre 2005

Mantra


¿Quiere bucear y no ha podido?
Entonces repita lo siguiente:
"Neptuno del Mar que a ti pertenece
quiero incluirme entre tus intereses,
aunque sea el mas infeliz y torpe de tus peces" *
(Tres veces al día, todos los días hasta que le resulte,
cuénteme después cómo le va)

02 junio 2005

Cuento Japonés

Urashima Taro vivió, hace cientos y cientos de años, en una de las islas situadas al oeste del archipiélago japonés. Era el único hijo de un matrimonio de pescadores. Una red y una barquichuela constituían toda su fortuna. Sin embargo, el matrimonio veía compensada su pobreza con la bondad de su hijo Urashima. Y sucedió que cierto día el muchacho caminaba por una de las calles de la aldea, cuando de pronto vio a unos cuantos chiquillos que maltrataban a una enorme tortuga. De seguir de aquel modo mucho tiempo, hubieran acabado por matarla, y Urashima decidió impedirlo. Se dirigió a los chicos, y, reprendiéndoles por su mala acción, les quitó la tortuga. Cuando la tuvo en sus manos, pensó dejarla en libertad, y para ello fue hacia la playa. Una vez allí, la llevó a la orilla y la dejó en el mar. Vio cómo la tortuga se alejaba poco a poco, y cuando la perdió de vista, Urashima regresó a su casa. Sentía una gran satisfacción por haber librado al animal de sus pequeños verdugos.
Transcurrió algún tiempo desde aquel día. Una mañana, el muchacho se fue a pescar. Tomó el camino que conducía a la playa y cuando llegó puso la barca en el agua, montó en ella y remó hacia dentro. Llevaba largo rato remando y perdió de vista la orilla; decidió echar al agua su red, y cuando tiró para sacarla hacia fuera, notó que le pesaba más que de costumbre. Logró subirla, y con gran sorpresa vio que dentro de la red estaba la tortuga que él mismo echó en el mar, la cual, dirigiéndose a él, le dijo que el rey de los mares, que había visto su buen corazón, la enviaba para conducirle a su palacio y casarle con su hija, la princesa Otohime. A Urashima le entusiasmaban las aventuras y accedió muy gustoso. Juntos se fueron mar adentro, hasta que llegaron a Riugú, la ciudad del reino del mar. Era maravillosa. Sus casas eran de esmeralda y los tejidos de oro; el suelo estaba cubierto de perlas y grandes árboles de coral daban sombra en los jardines; sus hojas eran de nácar y sus frutos de las más bellas pedrerías. Hacia los asombrados ojos de Urashima avanzaba una hermosísima doncella: era Otohime, la hija del rey del mar. Le recibió como a un esposo y juntos vivieron varios días en una completa felicidad. Todos colmaban al pescador de todo género de atenciones, y entre tanta delicia, Urashima no sintió que el tiempo pasaba. No podía precisar desde cuándo estaba allí. ¿Para qué había de saberlo? No debía importarle. La vida en aquel lugar maravilloso le parecía inmejorable; nunca pudo soñar nada semejante. Pero sucedió que un día se acordó de sus padres. ¿Qué sería de ellos? Sin duda sufrirían mucho sin saber lo que había sido de él. Y desde aquel momento la tristeza se apoderó de todo su ser. Nada lograba distraerle; ya no encontraba aquel lugar tan encantador y hasta le pareció menos bello. Sólo deseaba una cosa: volver junto a sus queridos padres. Y así se lo comunicó una mañana a su esposa, cuando ésta procuraba por todos los medios averiguar la causa de su pena. Al decirle Urashima lo que quería, Otohime se entristeció; procuró convencerle de que se quedara junto a ella, pero nada logró. El pescador estaba firme en su propósito. Así, pues, prometió volverle a la aldea, y con un lucido cortejo le acompañó hasta la playa. Cuando al fin llegaron, la princesa entregó a Urashima una pequeña caja de laca, atada con un cordón de seda. Le recomendó que, si quería volver a verla, nunca la abriese. Después se despidió de él y con su acompañamiento se internó en el mar. Pronto Urashima la perdió de vista. Con la cajita en sus manos, miraba fijamente a las aguas. Así estuvo algún tiempo; después recorrió la playa.
De nuevo estaba en su pueblecito. Las mismas arenas, las rocas de siempre, el mismo sitio donde de pequeño tantas veces había ido a jugar; le parecía que su vida en la cuidad del mar había sido un sueño. Qué lejos todo aquello! Entonces encaminó sus pasos hacia su casa; pero cuando entró en la aldea no supo por dónde tirar. La encontraba completamente cambiada: no la reconocía. Las casas eran mas grandes; tejados de pizarra habían sustituido a los que él vio de paja. La gente se vestía con vistosos kimonos bordados. Parecía otro lugar. Y, sin embargo, era su pueblo; estaba seguro. La misma playa, las mismas montañas. Sólo las casas y la gente habían cambiado. Entonces decidió preguntar a unos muchachos en dónde se encontraba la casa del pescador Urashima, puesto que éste era también el nombre de su padre. Los muchachos no supieron responderle; no conocían a tal pescador. Entró en un comercio e hizo igual pregunta al dueño; pero le dijo lo mismo que los chicos: nunca había oído hablar de tal pescador, y eso que creía conocer a todo el pueblo. En esto acertó a pasar por un hombre que debía de tener muchos años, a juzgar por su apariencia. Era conocido por saber mil historietas antiguas del pueblo y conocer las vidas de sus antiguos habitantes. Urashima se dirigió a él, por indicación del dueño de la tienda y le preguntó dónde estaba la casa del pescador Urashima. El viejo no contestó; se quedó un momento pensativo, y al cabo de un rato dijo que casi lo había olvidado, porque habían pasado más de cien años desde que murió el matrimonio. Su único hijo decían que un día salió a pescar, y a partir de entonces nadie volvió a saber lo que le sucedió. Urashima empezó a comprender: mientras vivió en la ciudad del mar había perdido la noción del tiempo. Lo que le habían parecido sólo unos cuantos días habían sido más de cien años. No supo qué hacer; se encontraba completamente solo en un pueblo que, aunque era el suyo, le era absolutamente extraño. se dirigió a la playa; puesto que había perdido a sus padres, volvería con la princesa Otohime. Pero ¿Cómo llegar a ella? En su precipitación por ver a sus padres, olvidó, cuando se despidieron, preguntarle de qué medio se valdría para volver a verla. De pronto, recordó la cajita que tenía entre sus manos; se olvidó de que no debía abrirla, y pensó que, haciéndolo, quizá pudiera ir junto a Otohime. Desató sus cordones y la destapó. Al instante salió de ella una nubecilla que se fue elevando, elevando, hasta perderse de vista. En vano Urashima intentó alcanzarla. Entonces recordó la recomendación de la princesa; su atolondramiento le había perdido. Ya no volvería a verla. De pronto sintió que sus fuerzas le abandonaban, sus cabellos encanecían, innumerables arrugas surcaron su piel; su corazón cesó de latir, y, al fin, cayó al suelo. Cuando a la mañana siguiente fueron los muchachos a bañarse, vieron tendido en la arena a un hombre decrépito, sin vida. era Urashima que había muerto de viejo.
Todavía hoy algunos pescadores de ciertos pueblos del Japón cuentan a sus hijos, para que no sean distraídos, la leyenda del pescador Urashima.

01 junio 2005

"El Mar nunca cambia y sus obras, por mucho que hablen los hombres,
estan envueltas en el misterio."
Joseph Conrand
"Mar adentro, mar adentro, y en la ingravidez del fondo donde se cumplen los sueños, se juntan dos voluntades para cumplir un deseo.Un beso enciende la vida con un relámpago y un trueno,y en una metamorfosis mi cuerpo no es ya mi cuerpo;es como penetrar al centro del universo:El abrazo más pueril, y el más puro de los besos, hasta vernos reducidos en un único deseo:Tu mirada y mi mirada como un eco repitiendo, sin palabras:más adentro, más adentro, hasta el más allá del todo por la sangre y por los huesos.Pero me despierto siempre y siempre quiero estar muerto
para seguir con mi boca enredada en tus cabellos".

Ramón Sampedro
"He aqui el mar
El mar donde viene a estrellarse el olor de las cuidades
Con su regazo de barcas y peces y otras cosas alegres
Esas barcas que pescan a la orilla del cielo
Esos peces que escuchan cada rayo de luz
Esas algas con suenos seculares
y esa ola que canta mejor que las otras..."
Vicente Huidobro,
" Monumento al Mar"
El Tiburon y la Rémora.

El tiburón es temido por sus subalternos: vorazy tranquilo. Los peces se alejaban de él a lavelocidad que les daban sus aletas. Los seres delmundo marino lo juzgaban de cruel y glotón.El tiburón devora peces sólo cuando tiene hambre.Nadie lo había observado antes hasta que undiminuto pez lo miró detenidamente en el momentoque saciaba su hambre. Se dio cuenta de queuna rémora adherida a su costado comía del tiburón,y pensó que éste se veía estúpido al creer queengullía a su víctima por entero; siendo que la hábily astuta rémora dejaba que el trabajo principal,dentro de la cadena del alimento, lo hiciera el tiburón,para ella entonces saciar también su hambre.La rémora sentía que todo lo merecía y disimulaba.Sabía que por ella misma no sobreviviríaen ese mundo marino: tenía miedo, era de naturalezacobarde. Con miedo para trabajar, perezosa yvanidosa se creía descendiente del tiburón: ilusa,ella era sólo un parásito más.Astuta siempre pegada al costado del tiburón;bien sabía que si llegaba a darse cuenta de su posi-ción, la devoraría. Se reía de él creyéndolo un bobosin impresionarle su tamaño ni su voracidad.Yo, que los observo con mis grandes ojos depequeño pez, he decidido colocarme frente al tiburón,para que al mirar mis ojos le devuelvan comoespejo lo que ocurre a su costado. Así sorprendió ala rémora comiendo tranquila de su cuerpo. El tiburóncomprendió mi astucia de pez pequeño y merespetó. Se quedó quieto pensando que la rémoralo saboreaba y sorpresivamente se tragó a la rémoray sació así su hambre. Antes de irse el tiburónme miró a los ojos y se marchó. Yo aleteé de felicidady el ciclo alimenticio continuó, volviendo todoa la normalidad.Más tarde yo fui devorado por un pez más grande:yo lo sabía. El pez que me integró a su cuerpoera realmente hermoso, despedía luz propia; y yoaumenté su intensidad, pez al fin.

Guadalupe Ceron (1999)
El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste del mar?
En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste acá?

Rafael Alberti
"Y el Capitán Nemo exclama: el mar no pertenece a los déspotas. En su superficie los hombres podrán aplicar leyes injustas, reñir, destrozarse unos a otros y dejarse llevar por horrores eternos. Pero a 10 metros bajo el nivel de las aguas, cesa su reinado, se extingue su influencia y desaparece su poder.
Ah, señor; vive, vive en el fondo de las aguas.
Ahí sólo existe la independencia.
Ahí no reconozco voz de amo alguno.
Ahí soy libre."

JULIO VERNE
"Necesito del mar porque me enseña: no sé si aprendo música o conciencia: no sé si es ola sola o ser profundo o sólo ronca voz o deslumbrante suposición de peces y navios. El hecho es que hasta cuando estoy dormido de algún modo magnético circulo en la universidad del oleaje. No son sólo las conchas trituradas como si algún planeta tembloroso participara paulatina muerte, no, del fragmento reconstruyo el día, de una racha de sal la estalactita y de una cucharada el dios inmenso.
Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire, incesante viento, agua y arena.
Parece poco para el hombre joven que aquí llegó a vivir con sus incendios, y sin embargo el pulso que subía y bajaba a su abismo, el frío del azul que crepitaba, el desmoronamiento de la estrella, el tierno desplegarse de la ola despilfarrando nieve con la espuma, el poder quieto, allí, determinado como un trono de piedra en lo profundo, substituyó el recinto en que crecían tristeza terca, amontonando olvido, y cambió bruscamente mi existencia: di mi adhesión al puro movimiento."

PABLO NERUDA

Buzo sentimental

Escuché el otro día que la nostalgia es propia de las culturas que tienen una concepción del tiempo en forma lineal, pues claro nada de lo que ocurrió algun día volverá a repetirse...
La nostalgia me pone sentimental, me pone a buscar cualquier tontera que se parezca a estar debajo del agua. Lo que sea, una imagen, una noticia, un recuerdo, un sonido o tal vez alguna palabra. Con todo este sentimentalismo encima he de inaugurar hoy esta sección de "Palabras Mojadas".
Advertencia: solo apta para buzos sentimentales.